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miércoles, 12 de septiembre de 2012

USA y Brasil: Buzios - Praia da Pipa

Estados Unidos: NYC - Acadia National Park

Ya el vuelo a Nueva York anunciaba lo que estaba por venir: abundancia. Después de lo ratas que habíamos sido, la comida de avión nos pareció un banquete y más todavía la cantidad ilimitada de apple cranberry juice que nos tomamos.
Ya llegando nos demoramos un par de horas en encontrarnos con la familia, hasta que nos juntamos todo en el Moma. Rico verlos.
Recorrimos la ciudad en bicicleta, fuimos al circo, al teatro, al parque, muesos  y a numerosos restoranes con hamburguesas gigantes y atendidos por hispanoparlantes.
Times Square,NYC
Gracia Izquierdo en el metro de NYC
Los duros años 30

Musico callejero NY style

Washington Square, NYC

La dura hay uno de estos mismos en Stgo!??

No todo es cemento en NY

Central Park en bicicleta

Desde lo alto del Rockefeller

NYC desde las alturas

Hasta nos topamos con famosillos

NYC


Puente de Brooklyn

De ahí fuimos para Acadia, casi hasta la frontera con Canadá. Un lugar bien verde y con un lago inmaculado, donde comimos unas sandías y melones en la orilla, antes del piquero en area prohibida para el baño. También los varones fueron a un bikepark. Pura aventura.
Y de nuevo a la ciudad, esta vez a Boston a codearnos con los cabezones del MIT y de Harvard (aunque el edificio de arquitectura de harvard tenía goteras, ja). Boston nos pareció bastante elegante, a la europea, sobre todo el barrio beacon con sus lumbreras a gas o el mercado Quincy donde desgustamos todo tipo de comidas, árabe, india, japonesa, tai y... ¿cómo no? hamburguesas gigantes. También visitamos un acuario, también gigante,  -precioso- y un museo de ciencias interactivo (tipo mim pero a escala gringa). Aquí recibimos a Max que nos acompañó  el resto del viaje, convirtiéndose en el guía.
Antes de ir a nuestro último destino en los Estados Unidos nos fuimos de farra en Boston. Para no ser menos, el carrete terminó con limusina incluida.

Boston Aquarium


Beacon Hill, Boston

Y a la mañana siguiente partimos a la tierra de Max: Newport. Es como el Zapallar de Nueva York, donde veranea la gente con platita. Pero a escala USA, lo que se traduce en Bill Gates y compañía. La avenida principal está compuesta básicamente por mansiones que ni el propio dueño conoce por completo y que terminan los carretes de fin de semana con fuegos artificiales.
Fuimos a conocer las playas, el pueblo. Todo precioso, limpio, ordenado, casi perfecto. Asistimos -o casi- a un cóctel en el club de yates, aunque nos sacaron -copa de champaña en mano- por no haber sido invitados. También nos denegaron la entrada a una fiesta pagada en la playa y seguimos buscando motivos al rechazo. Todos fuimos a dar un paseo en bote  y algunos fuimos a navegar en el catamarán de Max (aunque terminamos siendo tirados por un dingui porque no tuvimos suerte con el viento).
Max también nos invitó a su casa a una parrillada tipo chilena, a cocinar una langosta y también a una hamburguesada a lo gringo. Sentimos mucho que a los vecinos de Max les haya molestado nuestra presencia, pero da igual, Max ya no vive ahí.
Y, bueno, nos separamos de la familia con pena, pero al menos seguiríamos de viajando, de Rio al norte. Suerte a ustedes en el colegio, la universidad y el trabajo.

Navegando en Newport


Maxillo, gracias por todo!!


Brasil: Buzios RJ - Praia da Pipa RN

De vuelta en Brasil fuimos a Buzios por una semana, conociendo las bondades de sus diferentes playas, sobre todo las olas de Geribá, buenas para el surf (lástima que nosotros los surfistas no lo seamos tanto) y las transparencias de praia brava donde pudimos nadar en compañía de las tortugas marinas.
Buzios es bonito, aunque el exceso de turistas -sobre todo Argentinos- es ennloquecedor. Es tanto así que hay un restorán con una vista preciosa a un puerto y sus barquitos de todos colores... pero al acercarse a los barquitos te das cuenta que son falsos, sólo para echar pinta. Es como mucho. Y cobran estacionamiento en todas partes, lo que obviamente nos cayó mal.
Escapando de los estacionamientos pagados nos fuimos a cabro frío, al asilo de ancianos de un amigo que conocimos acá. Ahí entre enfermeros y naftalina dejamos botado al Bonga nuevamente. Esta vez, invitados para ir a Chile al matrimonio de Kike y la Pili y aprovechar de estar con los Urrutia, ya les tocaba ya. Nos esperaban con el refrigerador y la despensa con todos nuestros productos favoritos y un par de eventos sociales.


Atardecer en Buzios, el resto de las fotos de Buzios estan en la entrada anterior.

De vuelta a Brasil nos esperaba un rico plato de despedida en el asilo (todo molido, pero estaba bueno)y nos fuimos a Arraial de Ajuda donde nos topamos con Niko, un local que vive ahí en la plaza en una casa rodante, al lado de donde nosotros pusimos la nuestra. Al día siguiente fuimos a volar en parapente -Niko era instructor de parapente y nos invitó por la buena onda- y conocimos a unos vecinos de ahí de la plaza que nos invitaron a un asado dominguero de larga duración de donde salimos hasta con una flauta hecha en pvc de regalo. Aquí disfrutamos de día de playa y descansamos de tanto andar.

Con el Nico revisando como estaba el viento para volar

Nico: A gente vai olhar si o cara se machuca, si nao a gente vai...beleza?
Yo: Beleza


Santiago y el Nico volando entre Arraial de Ajuda y Trancoso

Santiago y el Nico prontos para el aterrizaje

Asi se ve la playa desde el aire, Arraial de Ajuda


Asado donde el Milton, en la foto: Vecina, Maria do Socorro (mas conocida como Help), Milton y yo.

Y faltando dos días para vencer la visa del bonga en Brasil fuimos a Porto Seguro a renovarla. Bongalette cumplía 90 días en el país tropical y fuimos a celebrarlo en Itacaré. Ahí encontramos una playa para surfear que tenía un lugar con pasto para echar las toallas, una piscina de skate, música reggae y gente andando a caballo. De todo en una sola playa chiquitita, Tiririca. También fuimos a Prainha, una playa preciosa, solitaria y rodeada de coqueros. Para ir hay que caminar entre el mato por unos caminitos, atravesando rios y cascadas, muy bonito.
También nos gustó mucho la comida de allá; las empanadas de plátano, las cocadas de cacao y la farofa de plátano. Y nos hicimos un par de amigos, entre ellos un par de falsos estacionadores que pasaban el día afuera de un estacionamiento gratuito cobrando, por si alguno caía. Compartimos nuestras cosas con ellos y hicimos así un almuerzo improvisado en la playa.

Um pescador de paz y amor
Itacaré

Atardecer en Itacaré

Praia da Tiguiririca, Itacaré


El Ciclón
Itacaré


Lanzando redes en Itacaré

Y ya nos recomendaron tanto ir a comer moqueca a Camamú, fuimos para Camamú y entramos corriendo al mercado a probar tal delicia de la que tanto nos habían hablado. Y el veredicto final es: niun brillo. Desilusionados, recorrimos el pueblo y nos encontramos con unos monos urbanos y un pueblo desordenado, muy barato y con poquísimas personas blancas. Tambien ahí visitamos un astillero donde construian desde las gigantescas skunas hasta pequeñas canoas de tronco, todo en madera, realmente era como estar en el otra epoca.

Electromono, Camamú

Astillero en Camamu, lancha del futuro

Atardecer en Camamú


De Camamú tomamos una lancha rápida para conocer Barra Grande -un pueblo relajado con calles de arena- y Taipú de Fora. Aquí hay piscinas naturales para bucear que se forman cuando la marea baja y queda agua atrapada entre la orilla y unos arrecifes de coral con forma de medialuna. Pudimos ver pescaditos de todos colores. Muy bonito. Pero a la vuelta la lancha rápida falló y quedamos parados en medio del mar. Por suerte llegaron a socorrernos y a solucionar el problema de nuestra embarcación: falta de bencina.

Taipú de Fora


Taipu de Fora

Al llegar a Camamú de vuelta pescamos el auto y nos fuimos a Torrinhas, para tomar otro barco para conocer Boipeba. La idea era llegar a Torrinhas y partir al tiro, pero estando en el puerto se nos perdieron las llaves... típico cuando no encuentras las llaves, pero las tenías casi que en la mano. Bueno, y en ese percance se nos fue el barco. Y encontramos las llaves cinco minutos después.
Pero valió la pena. Las playas de Boipeba fueron sólo para nosotros -éramos los únicos- y en el pueblo estaba el Mahatma Ghandi (su doble o su reencarnación) tejiendo redes. Boipeba es una isla igual a Morro de Sao Paulo sólo que sin los turistas. Tiene calles chicas y el auto es reemplazado por burritos con un canasto de mimbre a cada lado. Acá también hay piscinas naturales, aunque más grandes y transparentes que en Taipú de Fora. Pero vimos menos pescaditos. Y, una vez más, los ojos azules de Santiago elevaron el precio de lo que compramos: 50 centavos la naranja para Santiago, sólo 25 para la Ana.

Rolls Roys de Boipeba


Camino a Boipeba

Salvador de Bahía está medio peligroso asi es que entramos bien temprano para ir por el día. Cruzamos en ferry y nos topamos con un brasuca que vivió en Chile cuatro años tocando música con un tal Maluco en la televisión ¿Habrá sido famoso? Creemos que no. Almorzamos el famoso acarajé que tanto nos habían recomendado (ni habíamos desayunado para aprovechar la salida a comer) pero lamentablemente todo el acarajé -salvo dos mordiscos- terminaron en el basurero. Era algo así como un berlín frito hecho de poroto molido y relleno con pastas de sabores indescriptibles y poco apetitosas. Igual las casitas de colores, las iglesias y las calles empedradas nos ayudaron a olvidar ese trago amargo

Pelourinho, Salvador de Bahia

Ira post estafa, Acaraje en Salvador de Bahia

A la tarde nos fuimos a Praia Do Forte, a unos 50 km. Era un balneario chic, con paseos peatonales llenos de tiendas, cafés y restoranes, tipo Alonso de Córdova. Pero el gran atractivo son las tortugas de mar que llegan a desovar a la playa, y el Proyecto Tamar que se encarga de cuidar los nidos y que tiene un zoologico donde se encuentran las diferentes especies de tortugas, algunos pescados del sector y lo mas impresionante una exposicion de animales que viven a mas de 1500 metros de profundidad frente a las costas de praia do forte. Aca conocimos a una familia de argentinos que salieron hace un año a darle la vuelta a Sudamerica: aventuras, desventuras y como no, muchos datos. Ahora ya van de vuelta a su tierra en Villa la Angostura. Comimos tambien unas esquisitas tapiocas y vimos como se obtiene la farinha da mandioca.

Familia, Praia do Forte 

Praia do Forte

De Praia do Forte nos fuimos hacia Praia do Frances, en el estado de Alagoas, para lo cual dejamos atras el gigante estado da Bahia y en un rato atravesamos el pequeño estado de Sergipe, donde paramos solamente debido a un como todo lo que puedas con carne a la espada por 10 reales, el cual nos retuvo un par de horas antes de poder llegar a nuestro destino, aunque pudimos ver el estilo camionero al comer: una torre de arroz, fideos, porotos, saladas y esto coronado por fruta, todo en el mismo plato (peso aprox: 4kilos). En Praia do frances Santiago surfio en la mañana pero desistio de volver a intentarlo en la tarde ya que una infructuosa operacion de rescate termino con un surfista desaparecido.


Debido a tan malas noticias pusimos rumbo a Maragoggi rapidamente, donde caimos en una casa del Milton (Arraial de Ajuda) la cual esta arrendada como restaurante, los arrendatarios Reyes y Mara nos trataron muy bien e incluso nos dajaron hacer pizzas en sus hornos industriales. Maragoggi se dice ser el caribe brasilero, sus playas de color turquesa parecen confirmarlo, y fue aqui donde conocimos al Maru quien salio junto a Santiago a bucear en su "barco" un atado de pedazos de plumavit con unas tablas amarradas ensima, todo esto dirigido con un coligue de unos 5 mts, que cuando dejamos de topar se convirtio en un pesimo remo. Pero a pesar de eso logramos llegar ( y lo mas importante, volver) a un arrecife mar adentro, donde segun Maru era el unico lugar que podria estar con agua clara (ya que en esta epoca el agua esta turbia en todo brasil), desafortunadamente estaba sucia pero igual logramos sacar un par de pescados con los arpones para comer en la noche.

De Maragoggi nos salimos del estado de Alagoas para entrar en el estado de Pernambuco, ahi paramos en Porto de Galhinas donde estuvimos con un uruguayo y un argentino que viajaban en un bus desde Bs Aires, ahora estaban botados ya que quebraron la caja de cambios pero ya estaba en Recife siendo reparada. Tambien aqui conocimos a Nacho un chileno que vivia acá hace varios años, nos recibieron en su casa con los brazos abiertos y salimos a comer acais, el Nacho habia arrancado Chile en el gobierno militar, la causa: Dias antes del golpe tendria unos 17 años y estaban jugando a la pelota, se armo una pelea entre los dos equipos y el le pego a uno que resulto ser un importante carabinero, despues del golpe le llegaban rumores que lo andaban buscando por lo que se subio en el primer buque y arrancó, nunca supo si los rumores eran ciertos pero ya habia hecho su vida en Brasil.

Varias horas mas al norte llegamos a Praia da Pipa, donde por primera vez en el viaje nos quedamos en un camping: electricidad para conectar el bonga, wi fi, duchas, baños, y demases lujos que nos sedujeron. Desde aqui pudimos terminar de actualizar el blog, hasta hoy que es nuestro segundo dia en Pipa. Las fotos de Pipa quedan para la proxima actualización.

Un abrazo
Anita y Santiago

Pd: Esta debe ser la entrada mas larga de la historia

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sábado, 4 de agosto de 2012

Pantanal-Buzios

El Pantanal - Buzios

Después de tanta naturaleza, partimos a visitar un antiguo pueblo colonial, a culturizarnos un poco con la Ciudad de Goias. Pero nos encontramos con todos los museos y las Iglesias cerradas por lo que bien nos vinieron unas cervezas en la calle -literalmente en la calle porque los locales ponen sus mesas ahí y los autos pasan esquivando a los clientes-. Parece que en Goias son fanáticos de las empanadas, porque además de muchos puntos de venta hay más de mil tipos, desde la clásica empanada de queso a queso-coco-chocolate pasando por múltiples variaciones.  Parecía casi un pueblo fantasma por lo vacías de sus calles, pero también esto ayudaba a poder ver lo lindo que era todo: el pueblo entre cerros, con calles empedradas que subían y bajaban a travesando un río que -a diferencia de los ríos que pasan por ciudades a los que estamos acostumbrados- tenía muchos y grandes pescados. Antiguos puentes de maderas, grandes iglesias, y todo bien colorido. Las heladerías vendían helados de muchos sabores, entre ellos, palta, para capear un poco el calor.


La ultima cena, sin saberlo seria el adiós a tan hermosa compañera.
Pd: Gracias Angelica por mandarnos comida pal camino.



Anita por Cidade de Gioas, Goias, Brasil.


Tomamos nuevamente la carretera en búsqueda de otro pueblo colonial con más vida, Pirenópolis. Y no dejamos de mencionar las bombas de bencina que nos hemos estado topando en el trayecto: no te venden hot dog y un helado en palito para comer, venden filete asado y todo tipo de esquisiteces (lo que no quiere decir que nosotros las compremos). Tienen baños ultra modernos, de esos con sensores para el agua, la cadena, el jabón y el papel. No hay que apretar nunca nada. Algunas -casi todas- hasta tienen wifi. Así es ser camionero en Brasil, todo un lujo.


El calor y la humedad fueron más, aquí se queda la clara la entrañable transparencia de tu querida presencia, hasta siempre cabellera. 



Un nuevo yo, mas adhoc a los 40°C.
Carretera en Goias.


Y llegamos a Pirenópolis, un pueblo a unas dos horas de Brasilia que se llena los fines de semana especialmente estos últimos años porque se ha puesto de moda entre la gente joven y los hippies, según nos contaron. Y obviamente tenía muchos bares y restoranes que estaban repletos el sábado y el domingo y cerraban el resto de la semana. No quisimos quedar fuera de onda y fuimosa una pastelería a comer un brigadeiro que no ha sido superado hasta ahora, esquisito. Ahí conocimos a un argentino que estaba viajando como nosotros (pero a pie) y nos recomendó un restorán tenedor libre al que fuimos y que costaba la módica suma de 1250 pesos chilenos. Como era de esperarse, no era la mejor comida del mundo, pero sí había carne, la que echábamos tanto de menos que no pudimos soportar la tentación de llevarnos unos pedazos en el bolsillo para comer al día siguiente a los pies de una de las cascadas que hay en los alrededores del pueblo, lo que convierte a Pirenópolis en algo así como el balneario de Brasilia. 

Caleta de maíz.
Carretera en Goias, Brasil.

Esperamos al lunes para pillar las carreteras desocupadas y nos fuimos a conocer la futurista capital de Brasil. Brasilia es una ciudad hecha de cero en los años sesenta, es una maqueta de un par de arquitectos llevada a la práctica, donde se reflejan los valores y la visión del mundo del hombre sesentero. Por ejemplo, en el centro de la ciudad hay una enorme antena de televisión con vista a todas partes, o mejor aún, el plano de la ciudad misma (gracias gps que nos dejaste verlo) tiene forma de avión y en la cabina del piloto están los edificios de gobierno. El Bonga se sintió muy a gusto aquí porque es una ciudad pensada para andar en auto: seis pistas por lado, infinitos pasos sobre nivel y tréboles. Casi no existen los semáforos ni mucho menos los tacos. Hay estacionamiento en todas partes, por lo que el Bonga pudo pasearse por todos lados, viendo los edificios futuristas (como el que tiene forma de júpiter por citar algún ejemplo). Lástima que justo nos tocó una huelga de funcionarios y no pudimos conocerlos por dentro. Eso sí que la casa del presidente no era la que decía el Lonely Planet, y la piscina con olas de la que hablaba estaba cerrada hace años, y ni siquiera existía el area de camping con el que nos habíamos hecho ilusiones. Lonely Planet, nos fallaste.

Soledad fiel.
Brasilia, Brasil.

Vista desde la torre de TV en el centro del avión hacia la cabina del piloto.
Brasilia, Brasil.

Pero no importa, igual nos encantó Brasilia, sobre todo la Catedral de Dom Bosco, el parque municipal, la embajada de Guyanas (donde nos recibieron con toda la calma y tiempo del mundo para contarnos un poco del mundo allá... en el último año habían tramitado unas 20 visas y eso que también se encargan de Perú, Argentina, Bolivia y Chile...  o sea no tienen mucha pega) y el restoran Porcao, un tenedor libre, pero esta vez uno bueno, el mejor  de la ciudad. Llegamos a comer a la hora de apertura y nos fuimos cuando estaban cerrando, todo el tiempo comiendo carne, camarones, sushi y otras esquisiteces. En la mesa de al lado habían dos gringos con acento de campesinos que terminaron en nuestra mesa, paseando en nuestro auto y acompañándonos a unas cervezas a la orilla del lago, en el barrio más elegante de Brasilia, claramente como fue de suponerlo ambos trabajaban para Jhon Deer y vivian en el interior de USA, casi cliché. Noche de rico para nosotros, gracias papis!. 

Catedral Metropolitana de Brasilia. 


La industria de la burocracia no descansa!
Congreso de Brasil, Brasilia, Brasil. 

Palacio do Itamaraty, Ministerio de Relaciones Exteriores, Brasilia, Brasil.

Seguimos en esto de las maravillas de la capital brasilera.
La cara lo dice todo...Hambre+Carne=Felicidad
Restoran Porcao, Brasilia, Brasil.
Sacando de a uno

Lado sur del lago artificial , barrio mas elegante de Brasilia

Puente que une el lado sur con el plano original, Brasilia, Brasil.

Ya en Brasilia empezamos a impacientarnos por llegar a las famosas playas brasileras, pero faltaba antes pasar por el estado de Minas Gerais, el que nos sorprendió para bien, sobre todo por el Inhotim, un museo de arte contemporáneo que queda en las afueras de la ciudad de Belo Horizonte y que tiene 98 hectáreas de parque y lagunas  muy bien cuidados. Las exposiciones están en edificios en medio del parque, uno más novedoso que el otro y hay hasta muestras en las que oyes el sonido de la tierra (tiene un micrófono enterrado en las profundidades). 

Una de las cuantas salas del Inhotim, Minas Gerais, Brasil.

Posando con new look

Una de las muestras era una casa entera roja, y entre las cosas había un cuaderno rojo abierto  que Santiago confundió con... no sabemos con qué... pero lo rayó y dejó sus saludos mientras nos despedían de la misma por arruinar el arte. Clásico shileno.

Hermano árbol

Sistema de aireación de una sala en Inhotim, Minas Gerais, Brasil.


Inhotim, Minas Gerais, Brasil.

Pasamos ocho horas en el Inhotim y no pudimos recorrerlo entero, pero sí salimos de ahí con una sobredosis de azúcar.  Lo más barato para almorzar era pagar, en un elegantisimo  y sobre-sofisticado restoran taquillero, el puro derecho al meson de postres... el cual se encontraba a distancia no tan prudente del resto de las cosas saladas... Esto derivo en que de vez en vez una temerosa pizza se escondiera en un inexpugnable castillo de flan o que tal vez un silencioso bistec se camuflara entre redondos cortes de torta de chocolate. Por desgracia para nuestro pancreas para llegar a estos manjares salados hubo que consumir montañas de blanca azucar. 

Anita con inocencia en su primer plato de solo postre...nivel de azúcar en la sangre ...aun bajo los 100.

Una última parada antes de las playas fue Ouro Preto, también en el estado de Minas Gerais. Este fue la capital del estado en los siglos pasados, el cual como lo dice su nombre fue el centro de la fiebre del oro en Brasil - fiebre aun mas fuerte que la dada en el clasico lejano oeste gringo- y es por esto que el pueblo es muy bonito y muestra la riqueza colonial del lugar, afortunadamente sin haber sido alterada con el tiempo. 

Vista a Placa do Tiradentes, Ouro Pretto, MG, Brasil.

Ouro Pretto, MG, Brasil.

Tuvimos la suerte de que justo esos días se estaba celebrando un festival de cine gratuito, asi es que pudimos ir a ver películas en un teatro antiquísimo muy bonito (lástima que haya sido opacado por el olor a humedad y baño público). Las películas eran de los setentas y aunque estaban en portugués tenian traducción... al francés. Pero creemos haber entendido igual.

Combinando con la ciudad
Ouro Pretto, MG, Brasil.

Paseando por las calles de piedra, entre shows de música y cientos de turistas (estamos casi seguros de haber visto a Pelé), nos hicimos pasar por potenciales compradores en las tiendas de quesos y pasteles (que son famosas en todo el país) y logramos llenar el estómago con las finezas del lugar.

Ouro Pretto, MG, Brasil.

Lamentablemente antes de partir Ouro Preto nos dejó un gustito amargo: el cajero automático nos tragó plata. Y habíamos sacado el máximo (lo peor de todo es que esto nos volvió a pasar más adelante). 
Pero no sacamos nada con amargarnos asi que nos fuimos a pasar las penas a Arraial do Cabo y apenas llegamos corrimos a darnos un chapusón en el Atlántico. A unos metros de la playa fuimos acogidos en el Parque Municipal donde nos quedamos unos cinco días, con wifi incluido (siempre hay alguien cuya clave es desde el 1 al 9). 

Vista desde nuestro parque en Arraial do Cabo,RJ, Brasil.

En arraial conocimos buena gente, entre ellos Pauliño -el dueño de una tienda de surf que presta los artículos por la buena onda- y un surfista musculoso que nos prestó sus tablas y nos quitó de las manos nuestro mapa de Brasil para rayarlo entero con recomendaciones. También conocimos a un italiano y su polola brasilera, Patricia, que nos invitaron a almorzar a un restoran flotante en la mitad del paseo en barco que hicimos para conocer las playas más lindas de Arraial (una de ellas elegida entre las 10 playas más linda del mundo según la Nat Geo). El paseo incluía bar abierto, y el restorán nos lo regalaron (quizás gracias a lo primero) asi es que estuvo de lujo.

"Si, si, muy interesante...ahora donde estaban esos free drinks?"
Arraial do Cabo,RJ, Brasil. 

Mordiste el limon de la caipirinha??
Arraial do Cabo,RJ, Brasil.

Y para seguir con el lujo  nos fuimos a alojar al que parecía el mejor hotel del lugar, con las comidas y todo incluido. Nos hacía falta un poco de glamour. Gracias mamis!
Estando en Arraial se cerraron las candidaturas para algún cargo político, diputados o alcaldes, no sabemos, pero sí comprobamos que la ciudad ama la política (cuestión que nos habían contado en otras partes cuando preguntábamos de arraial). Ese día todo el pueblo salió a las calles, se cortó el tráfico, había música, asado y cerveza por todas partes. Cuando empezó a oscurecer, los petardos y los fuegos artificiales casi nos dejan sordos.
Hasta que llegó un día que la playa grande -nuestra favorita- dejó de tener olas (pero sí tenía curiosamente un pinguino que andaba perdido) y decidimos buscar otro lugar para las playitas y el surf.
Y a una media hora encontramos Cabo Frío, donde están también las fábricas de trajes de baño. Nos compramos uno, pero a las dos semanas ya tenia oxidado el botón y el velcro despegado. Lo barato cuesta caro dicen. Pero la Playa de Cabo frío no nos gustó mucho asi es que partimos a Buzios.

Doing the laundry...bonga style
Cabo Frio, RJ, Brasil

En el camnio a Buzios una moto empezó a cruzarse y a tocar bocina. Nos fijamos que tenía un "yo amo Chile" pegado atrás, asi es que paramos. Era Vicente, un chileno que vive hace unos cuarenta años acá y que ya no habla ni español ni portugués y que nos invitó a alojar a su hotel a medio camino, a lo que dijimos si (o mejor dicho ¡¡¡¡¡¡si!!!!!!). Al llegar nos dimos cuenta de que algo había fallado en la comunicación porque era un motel. Pero después del entusiasmo desplegado ante la invitación nos quedamos ahí por una noche, para partir a Buzios en la mañana.

Buzios: Havaianas, el albiceleste de Argentina, en una vitrina...
Buzios, RJ, Brasil

En Buzios fuimos a estacionar nuestro hogar a la casa de Jaime Green (gracias Jaime, Xime y Matías!) y tomamos un bus directo al aeropuerto de Río, donde nos esparaba un vuelo con destino a...

La tierra de la libertad!!?
Pd: Foto de Google Imagenes, sory...no he pasado las mias.



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